miércoles, 17 de noviembre de 2010

Polvo en el coche, multa al canto




Antes te ponían eso de “Lávalo, que no encoge”, por si no tenías constancia de la calidad de la chapa, o “Lávalo, guarro”, que aquí, aunque hayamos olido a zorros, siempre hemos sido muy limpios. Alerones y bajos atufantes podían tener un pase, pero el coche debía estar inmaculado cual patena. Hoy por hoy somos el país del mundo en el que más dinero se gasta en productos de limpieza para el automóvil y en darle brillo en los establecimientos destinados a tal menester.

“A ver si lo lavas”, le decías a alguien a modo de gracia. “Ni que fuera mi querida”, te solía contestar a manera de gracia mayor. Después añadía que el coche era para trabajar, no para presumir, y no hacía distinción alguna entre esposa y amante, que tampoco venía al caso. Claro que cualquiera podía darse cuenta de si se trataba de la parienta propia o de una de ocasión con sólo fijarse en la pareja a la hora de subirse al carro. Si el fulano abría desde fuera la puerta a la torda, zas, era la querida. A la propia se la dejaba esperando a entrar al coche, lloviera o no, y se le abría desde dentro, una vez el pariente se había instalado en su asiento.

Ahora la cosa ha cambiado mucho y los coches parecen anuncios móviles de lavaderos, tan abrillantados y relucientes como van. En pocos de ellos puedes ver los escritos hechos con el dedo índice sobre el polvo que cubre la pintura o el parabrisas, que cada cual elige la plana donde dejar su caligráfico exhorto. No obstante, algo ha venido a sumarse a esta campaña de limpieza, al menos en el pueblo valenciano de Alfafar, por cuestiones de “aquí no quiero polvo”.

Así las cosas, si tienes polvo en el coche, te puede caer una multa de 1.000 euros. Una multa por meter, entiéndase. Dependerá de determinadas circunstancias, que ignoro, el que la sanción sea de “sólo” 750 euros. Si a cualquiera se le ocurre echarlo en el coche, cosa que antaño era el sustituto del piso, del parque y de la playa, los policías locales tienen orden de cortarle a los echadores la digestión del polvo y plantarle 1.000 mortadelos para que se aguanten las ganas o las colmen en otros lugares. De infracción grave han catalogado los ediles del pueblo a tal demostración de polvareda. Vade retro, lascivia sobre ruedas. Le va a salir más barato al personal masculino irse al puticlú que le coja cerca y buscar carne de pago para hacerse un petroleado de bajos.

Claro que los ediles de Alfafar, de gentilicio alfafarenses, no conformes con su campaña anti polvo, han decidido también que a las prostitutas, caña al mono, digo, a la mona, hay que darles duro y sancionarlas con hasta 3.000 euros si tienen el volunto de "ofrecer, solicitar, negociar o aceptar servicios a menos de 200 metros de zonas residenciales, centros educativos o cualquier otro lugar donde se realice actividad comercial o empresarial alguna".

No sé cuál será la multa, ni tampoco si la habrá, en caso de que el fornicio o la coyunda, la felación o la manola, se realicen a más de los 200 metros señalados como tope. Tampoco han explicado los veladores por la moral y buenas costumbres si el puterío puede considerarse actividad comercial o empresarial, qué fallo.

Y si los dispuestos a echar el polvo motorizado en ese pueblo no tienen bastante con lo anterior, sepan que tampoco podrán darse a las cosas de la bragueta y la braga en bancos del parque o asientos públicos, so pena de tener que pagar 400 del ala, ni lavarse la tú ya me entiendes o el tú ya sabes en fuentes, estanques o similares, una vez el polvo haya sido echado y, como dice el pasodoble, se sepa que “la corría terminó”.

2 comentarios:

Peggy dijo...

Lo mismo es que quieren emular lo de la supresión de las corridas en Cataluña. Claro, que unas resultan más placenteras que otras. En fin, que las corridas automovilísticas deberían considerarse como fiestas populares.En mi pueblo hasta teníamos el lugar asignado: "El fin del mundo", que lo llamábamos.

cpm115 dijo...

En mi pueblo,mucho más originales, era llamado "Villa Polvito". Jajajaja. Bravo, Manuel. Lo vuelves a bordar.